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viernes, 13 de mayo de 2011

Las industrias culturales y la crisis: debatiendo en las Jornadas de OIKOS

El pasado jueves 12 de mayo tuve la suerte de participar como moderador en la mesa redonda "la crisis y las industrias culturales" organizada por OIKOS, Observatorio Andaluz para la Economía de la Cultura y el Desarrollo, de la cual soy miembro recientemente incorporado, en el marco del IX Encuentro de Economía de la Cultura. Participaron como ponentes Luis Miguel Jimenez, Director General de la flamante Agencia Andaluza de Instituciones Culturales, Jose Ruiz Navarro, Catedrático de Organización de Empresas de la Universidad de Cadiz y Jesús Cantero Gutierrez, coordinador de OIKOS y gestor cultural de acreditada experiencia.
Las tres intervenciones, cada una de tenor distinto pero todas interesantes, me generaron sin embargo algunas dudas o preguntas. Mi papel de moderador me aconsejaba el evitar mi participación en aras de fomentar la de los asistentes. No era el lugar de preguntar, pero aprovecho este post para plantearlas:


  • La aplicación de fondos públicos para el desarrollo de políticas culturales ha sido muy importante. ¿ha supuesto esto un fortalecimiento de la demanda cultual?

  • La ayudas a empresas culturales han sido cuantiosas. ¿es mas competitivo el sector en Andalucía tras ese importante esfuerzo de fomento empresarial?

  • Los promotores de empresas creativo-culturales son mas aptos para "salir de la caja", para innovar, pero no para la gestion ni la asunción de riesgos ¿estaremos ante un caso de selección adversa?

  • ¿Son las empresas culturales excesivamente dependientes de la demanda publica?

  • ¿Están siendo capaces de transformar su modelo de negocio, aprovechando las oportunidades tecnológicas?
Lamentablemente no tengo respuestas optimistas para estas cuestiones.
En próximos post continuare con este apasionante tema de las industrias creativo-culturales.

domingo, 25 de noviembre de 2007

Sarkozy protege un modelo caduco

Los medios de comunicación se hace eco de un acuerdo alcanzado entre Nicolas Sarkozy y los representantes de más de 50 asociaciones de proveedores de internet, productoras y distribuidoras de cine y música y otros agentes del llamado sector cultural. La consecuencia inmediata es que aquellos internautas que, con frecuencia, realizen descargas consideradas "ilegales" podrán ver denegada su capacidad de acceso a internet, además de sufrir una sanción administrativa o incluso penal. Para ello Sarkozy pondrá de vigilantes inquisidores de la antipiratería en la red a los proveedores de acceso. La decisión, todavía por concretar en sus detalles operativos, me parece una apelación al mantenimiento de un modelo de negocio caduco y obsoleto, incapaz de convertir en oportunidad rentable la aparición de nuevos soportes y canales de distribución, bajo la siempre socorrida escusa de proteger al artista. El status quo industrial y cultural frances ha encontrado en el primer ministro galo, en otras ocasiones audaz, su más ferviente aliado. Cabe reflexionar sobre el escaso futuro de una industria incapaz de desarrollar nuevos modelos de negocio a partir de cambios en las tecnologías y en los hábitos y comportamientos de los consumidores. Aferrarse a la explotación de canales y derechos concebidos para situaciones ya obsoletas tratando de exprimir rentas generadas por esa explotacion es retrasar la agonía, no adelantar la curación. Dentro de varios años asistiremos regocijados a la comprobación de que este tipo de medidas, además de injustas, no sirven para nada. Mientras tanto, los verdaderos Innovadores (por ejempo, Madonna) se adaptan o anticipan a los cambios. Lo ha reconocido Edgar Bronfman, Director y CEO de Warner Music, (lo hemos visto en Inquirer) "Estabamos equivocados. Al mantenernos tal y como estabamos o sin apenas cambios hemos provocado que entraramos en una batalla con los consumidores al negarles lo que querían y podían encontrar de otros modos".
Espero que, aquí en España, no queramos imitar iniciativas como la francesa. Lo espero, pero con muchas dudas.

lunes, 5 de noviembre de 2007

La amigdalitis de Tarzán




Titulaba de esta guisa el genial Alfredo Brice Echenique una novela ambientada en París y que narraba amores y desamores de juventud. Le tomo prestado el título para comentar la noticia aparecida en el diario británico THE TIMES y ampliamente comentada por los medios de comunicación españoles. Para resumir, la Oficina de Armonización del Mercado Interior (OAMI), organismo perteneciente a la UE, sito en Alicante y que tiene por objeto el registro de las marcas comunitarias, dibujos y modelos de utilidad comunitarios, ha denegado a los herederos del escritor estadounidense Edgar Rice Burroughs, creador del legendario «hombre-mono», el registro como marca comercial de su mundialmente conocido grito. El objetivo de los interesados descendientes no era otro que el de obtener pingües ingresos a cambio de la comercialización del citado alarido para su uso en video-juegos, anuncios y sintonías de teléfono móvil. La citada OAMI argumenta que el chillido no puede registrarse como marca porque no cumple varios criterios necesarios para poder considerarlo así. Entre otras consideraciones, parece ser que el espectograma no explica con claridad el sonido y el grito tampoco puede ser transcrito a notas musicales. «Es imposible - según sostiene la OAMI en su resolución - reconocer en la imagen aportada si el sonido representado es una voz humana u otra cosa, como por ejemplo, la melodía de unos violines, unas campanas o el ladrido de un perro». «Nadie - prosigue la Oficina para la Armonización del Mercado Interior - podría imitar el grito de Tarzán a partir del espectograma».
No me interesan los meandros argumentales que han llevado a la OAMI a negar la protección de la marca a los herederos del Rey de la Liana, pero me congratulo de la decisión final. Y lo hago por estar convencido de que los derechos de propiedad son básicos para asignar recursos y necesarios para crear incentivos a la innovación y a la actividad empresarial, pero las ideas y sus representaciones considero que tienen la naturaleza de bienes públicos, es decir, su consumo no excluye el consumo de otros y no se agotan con su uso. Puedo utilizar el Principio de Arquímedes, silvar la Sinfonía Júpiter de Mozar o recitar la Canción del Pirata de Espronceda sin impedir que nadie haga lo mismo y sin gastarlos o agotarlos. En estos casos, la fijación arbitraria de un monopolio supone la creación artificial de una situación de escasez. Esto es lo que han pretendido hacer los señores de Burroughs y en lo que, afortunadamente, no han tenido fortuna.
Volveremos en este blog sobre lo que considero una propiedad inapropiada: la intelectual.